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Las leyendas de la vereda El Totumo.

Érase un caserío de una veintena de casas, algunas rústicas, donde no faltaba el jardín de hermosas flores y tal cual árbol frutal, un madroño, un mango, un mamoncillo, el naranjo, el ciruelo,las gulupas, el papayo, el limón entre otros. Era la otrora vereda El Totumo, habitada por gentes laboriosas, parranderos y peliadores. Talvés  su nombre fue tomado del jefe indígena pijao de las riveras del río Coello, Titumo. Pues también abundaban los árboles de totumo o calabazo.
Mi padre Rubén Lastra era un destacado luchador de lucha cuerpo a cuerpo y se retaban entre las veredas en reñidas competencias, se alzaba al hombro 9 arrobas de peso sin esfuerzo.  El coco, el que siempre ganaba, el campeón, era don Teófilo Rubio, hombre alto, atlético. Se cuenta que una vez atravesando un potrero, se le vino encima un furioso toro y al verlo se le cuadró de lado y cuando estuvo cerca le asestó un fuerte  puñetazo en la testa que lo derribó. Los enfrentamientos que a veces duraban varios días, eran entre las veredas El Totumo, Combeima, Aguasucia, Potrero Grande, El Cural, El Rodeo, Aparco y otras. Mi padre era un próspero ganadero y cafetero, cultivador de caña de azúcar y otros productos agrícolas. Era un lider en la región por su honradez y colaboración, como el haber donado a la región, de muchas veredas, de media hectárea de terreno para el cementerio comunitario. Por esto se mereció el respeto y aprecio de sus paisanos y vecinos. El nació en la vereda Chapetón del Cañón del Combeima.
Las cercas eran de piedra arrumada, otra de barro con boñiga y piedras y algunas de varillas  de guadua. Las cercas de los potreros para los caballos y ganado eran de alambre de púas. El techo de las casas eran de teja de barro y otras ya de teja de zinc.Las fincas cafeteras tenían su oreador o  secador de café de cemento, amen de el deserezadero con su consabida deserezadora cerca. La cacota se utilizaba para abono de la huerta y cafetal. Había alguna pequeña laguna con pececillos como las lambemugres y ranas sombreados por árboles frondosos donde los niños acostumbraban colgar sus columpios y mecerse en sus tardes de algarabía, o bien encaramarse en sus ramas imitando al legendario Tarzán, el hombre mono.
 Las cocinas eran de adobe y alimentadas por leña, por lo que el sabor de las comidas era peculiar, con sabor a campo. Los sanitarios eran de letrinas o sea de algibe, que se trataban  con cal viva por higiene. El agua de consumo se traía de una acequia cercana en ollas grandes de aluminio y se vaciaban en una olla estilo mucura de barro de boca ancha en la cocina que la mantenía fresca. El agua para lavar se recolectaba por un chorrito que fluía por unas canaletas de guadua que sacaban el agua de un ramal de la acequia principal en la parte de arriba. En la cocina también había un trastero o mueble rústico de esterilla de guadua de varios niveles donde se acomodaba la vajilla y demás elementos de la cocina.
Recuerdo que un día llegó a esta cocina un trabajador de la hacienda que tenía el día libre festivo y mi madre había hecho mucha sopa de colí, arroz, yuca y papa para unos invitados pero no llegaron. Se sentó a la mesa Arsenio Carvajal bostezando y mi madre le pregunto: ¿Don Arsenio, le provoca un poquito de sopa? El le contestó: Bueno, si hay. Mi madre le sirvió un plato de colí, el que él devoró en par minutos, y quedó bostezando. Por esto mi madre le repitió la pregunta: ¿Don Arsenio, le provoca otro poquito de sopa?  El le contestó: Bueno, si hay. A este paso se tomó 14 platos de sopa y quedó bostezando. Por esto mi madre le pregunto:¿Don Arsenio, le provoca un platico de seco? Le contesto entonces: Bueno, si hay. Le sirvió tamaña bandeja repleta de arroz, carne, yuca, papa y se la sembró en  par patadas. Después mi madre le pasó una totumada grande de guarapo y se lo tomo de una y repitió la dosis.
Cierto domingo pasé por una casa donde una señora estaba asando 5 libras de carne y un racimo pequeño de plátanos maduros. Yo le pregunte que si estava esperando alguna visita grande, pero ella me contestó: ¡Nooo. Este es el desayunito de Don Arsenio! Alguien me contó que don Arsenio tenía la tenia pero acompañada. La solitaria bien criadita.